La destacada ecóloga y científica Patricia Kandus detalló el rol clave de estos ecosistemas como reservorios naturales frente a eventos extremos de inundación o sequía, en medio de presiones por la homogeneización del paisaje y el avance extractivista. Además, la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) y el Conicet avanzan en un mapeo socioambiental crítico en el Delta Superior.
(Por Cristina Rodríguez para APFDigital)
Los humedales juegan un rol doble e imprescindible en el ecosistema actual: por un lado, actúan como amortiguadores del cambio climático y reservorios de agua frente a eventos extremos de inundación o sequía; por el otro, sufren una vulnerabilidad extrema ante el aumento de la temperatura y la evapotranspiración.
Estos procesos se ven severamente agravados por las formas de uso y ocupación del suelo, no solo sobre los propios humedales, sino también sobre los ecosistemas vecinos, promoviendo la degradación y la pérdida de biodiversidad en grandes extensiones.
Así lo explicó a APFDigital la doctora Patricia Kandus, una de las científicas y ecólogas más prestigiosas de la Argentina, cuyo trabajo en la elaboración de inventarios ambientales y su estrecho vínculo con el territorio entrerriano resultan claves para la gestión ambiental regional.
Su equipo de investigación ha desarrollado inventarios específicos a escala local para diversos municipios de Entre Ríos —como el caso de los Humedales de Concepción del Uruguay—, al tiempo que capacita a técnicos locales para la validación ambiental del territorio.
Una cosmovisión urbana que distorsiona la naturaleza
Al reflexionar sobre la toma de conciencia social alrededor de los humedales, la especialista recordó que el 92% de la población argentina vive en áreas urbanas y más del 35% habita en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA).
“Esto genera una cosmovisión particular que vuelve lejanos y ajenos a los ambientes naturales no domesticados”, afirmó Kandus. “Más allá de cierta valoración, muchas veces romantizada, de la agricultura o la ganadería, en la cultura occidental los entornos naturales se perciben desde las ciudades como espacios improductivos. Los humedales quedan atrapados en esa lógica junto al resto de los ecosistemas”.
Al respecto, comparó la situación con la de otros biomas: “Basta mirar el destino de bosques y glaciares, que cuentan con leyes de presupuestos mínimos que los protegen y gozan de mejor imagen pública que los humedales, calificados históricamente de manera despectiva como ‘pantanos’”.
Kandus remarcó además la responsabilidad de la comunidad académica en la falta de comprensión sobre el tema: “Por un lado, las ciencias naturales encasillaron durante décadas la complejidad natural únicamente en ecosistemas acuáticos o terrestres, dejando a los humedales en un limbo intermedio. Por otro lado, las ingenierías aplicadas al desarrollo tecnológico adoptaron este mismo enfoque, orientando la producción hacia esquemas puramente terrestres o acuáticos e ignorando a los humedales”.
Asimismo, agregó que la propia definición de humedal se apoya en un criterio funcional y no puramente estructural (a diferencia de un bosque, identificado por sus árboles, o un lago, por el agua visible), lo que dificulta su rápida identificación por el público general: “Los humedales pueden expresarse como bosques, pastizales, praderas, playas o lagunas someras, entre otras formas”.
“Actualmente, la región enfrenta una fuerte presión de homogeneización del paisaje impulsada por un modelo productivo de matriz terrestre —diques, terraplenes, caminos, incendios para ganadería intensiva y emprendimientos inmobiliarios— que desconoce el funcionamiento natural del ambiente”, advirtió. Por este motivo, enfatizó que “el mapeo y la caracterización detallada son herramientas esenciales para planificar la conservación, mitigar los impactos antrópicos y aumentar la resiliencia de estos ecosistemas vitales”.
Ley de Humedales y el avance extractivista
Consultada sobre la necesidad de contar con una Ley de Humedales a nivel nacional, Kandus subrayó que la discusión expone tensiones profundas sobre el territorio, la propiedad privada y la falta de solidaridad en pos del bien común.
“La agricultura industrial, el mercado inmobiliario y la megaminería representan las caras del extractivismo actual que rechazan cualquier tipo de regulación”, sostuvo. “Sin embargo, la complejidad de conservar los humedales no se resuelve únicamente con una ley de presupuestos mínimos. No creo que se trate solo de recursos financieros, sino de replantearnos cómo queremos vivir y qué mirada tenemos respecto de la vida que nos rodea”.
Respecto a la extranjerización de tierras, la ecóloga aclaró que se trata de una expresión que a veces resulta confusa: “No hablamos de una persona extranjera particular que adquiere un lote, sino de enormes grupos de capital financiero que se apropian de ecosistemas y territorios enteros, expulsando a los pobladores locales e inhabilitando economías regionales. En el caso de los humedales, que son garantes directos de agua y biodiversidad —especialmente en regiones como la Patagonia y los Andes—, estas adquisiciones masivas no son inocentes”.
Redes del conocimiento e inventarios en riesgo
“He dedicado toda mi vida académica al estudio de los humedales, su dinámica y su expresión espacial”, repasó Kandus. Tras la ratificación del Convenio de Ramsar en Argentina mediante la Ley 23.919 en 1991, desde mediados de los años noventa el sector académico comenzó a articular activamente con técnicos de la gestión pública ambiental nacional, provincial y organizaciones no gubernamentales.
Fruto de este trabajo articulado se elaboraron el inventario de regiones de humedales del país, el inventario de sistemas de paisajes del eje Paraná-Paraguay y los mapas correspondientes a Córdoba, La Pampa y Buenos Aires. Asimismo, se completó la cartografía de paisajes del Medio y Bajo Paraná, y recientemente el relevamiento integral de la provincia de Buenos Aires.
“Los profesionales de la gestión pública construyeron un bagaje conceptual y técnico enorme. Hoy, el desguace y el debilitamiento de las instituciones públicas rompen las redes comunitarias y profesionales tejidas durante décadas, quebrando la memoria del sistema. Reconstruir ese entramado requerirá un esfuerzo titánico”, lamentó.
El valor estratégico del Bajo Paraná
La llanura de inundación del Bajo Río Paraná conforma un complejo fluvial-litoral caracterizado por un mosaico de paisajes sumamente diverso. La heterogeneidad física de su hábitat es el motor principal de la biodiversidad y el equilibrio ecológico regional.
Frente a las presiones de homogeneización, la especialista recordó que estos ecosistemas representan “un reservorio y una fuente fundamental de agua de calidad para las poblaciones humanas y la fauna autóctona, sirviendo además como refugio, área de alimentación y abastecimiento para ecosistemas vecinos”.
“Desde la perspectiva de la regulación ambiental, son clave para estabilizar costas, contener tormentas y depurar contaminantes o sedimentos. No debemos ver la protección de los humedales como un fin aislado, sino como la vía para proteger la naturaleza y la vida en su conjunto”, concluyó Kandus.
Investigación en marcha: Cartografiar el Delta Superior
En el marco de las acciones de preservación, la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER) lleva adelante el proyecto de investigación “Cartografiar el Delta Superior: un desafío urgente para la sostenibilidad y la gestión colectiva”.
La iniciativa está dirigida por la investigadora Norma Levrand, del Instituto de Estudios Sociales (INES / UNER-Conicet), conjuntamente con la Facultad de Trabajo Social (UNER), e investigadores del Conicet, la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y la Universidad de Buenos Aires (UBA).
El estudio desarrolla un mapeo socioambiental estructurado sobre cinco nudos críticos que atraviesan el territorio. Los resultados preliminares definen al Delta Superior como un escenario de alta complejidad donde confluyen actores con intereses contrapuestos. Sin embargo, el informe destaca la existencia de condiciones para generar consensos, aun en un contexto atravesado por la creciente conflictividad que impone la crisis climática.
En las próximas etapas, el equipo avanzará en el diseño de una grilla analítica multidimensional para abordar la complejidad de las relaciones territoriales y evaluar las condiciones reales de sostenibilidad del Delta en el futuro. (APFDigital)