La gravitación de Cristina en el rumbo del gobierno ya abarca a la economía. Sus gestos debilitan al presidente, que hace seguidismo para no quedar colgado del pincel.
Cristina se despegó del probable naufragio de la reforma judicial en Diputados. Dijo que esa no es la “verdadera” transformación que necesita el país.
Reivindicó su iniciativa maximalista de 2013, la “democratización” que sometía la estabilidad de los jueces al voto ciudadano. Una politización extrema que hubiera acabado con la independencia del Poder Judicial. Fue ley, pero encalló en la Corte, que lo declaró inconstitucional.
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Dio a entender que el presidente es el autor del nuevo proyecto en debate. En realidad es una coproducción, como lo subrayó la cláusula Parrilli –que es Cristina– contra los medios.
En sustancia, la movida busca reacomodar las piezas del tablero judicial en favor de sus intereses: las causas por corrupción en su contra y las que impulsa contra Macri y los suyos.
Le seguiría el copamiento de la Corte y el cambio en sus reglas. La última garantía de exculpación. La llamada “Comisión Beraldi” debe ponerle letra, aunque la última parada será otra vez el Congreso.
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También esta estrategia quedó herida. Si la reforma del fuero federal no reúne el consenso necesario, ¿por qué habría de lograrlo la pretensión de máxima, que es el sometimiento de la Corte?
La carta de ayer descarga indirectamente en Alberto Fernández la responsabilidad política de este pantano. También puede leerse como un pase de factura. Subyace en ella el reproche por el incumplimiento de su parte en el pacto fundacional del Frente de Todos: remover la amenaza judicial sobre Cristina y sus hijos.
Este zamarreo público profundiza el acelerado debilitamiento del presidente. El contexto es la creciente influencia del cristinismo en la orientación general del gobierno.
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La política económica ya no le es ajena. Martín Guzmán reporta al presidente pero también a la vice, con quien mantiene reuniones semanales.
El último recambio de funcionarios fue el desembarco del Instituto Patria en el área energética. El nuevo secretario le responde. La secretaría salió además de la órbita del ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y pasó a la de Guzmán.
Kulfas y la vicejefa de Gabinete Cecilia Todesca son los economistas de máxima confianza del presidente, desde los tiempos en que militaban en el llano.
Antes, Cristina rompió el diálogo del gobierno con la élite empresaria y la CGT. Dinamitó así la concertación que Fernández imaginaba como eje de su política económica.
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En la ofensiva contra los llamados “medios hegemónicos”, la vice impulsó el golpe de mano contra la industria de las tecnologías de la información y la comunicación. La declaración de su actividad como servicio público responde a ese propósito político.
Pero altera además las reglas de un sector clave de la economía. La conectividad es la piedra angular de una modernización transversal a todas las actividades productivas.
El reclamo de un plan integral de estabilización y crecimiento ya parece una causa perdida del sector privado.
Peor aún, hay serias dudas sobre el rumbo general. Las mismas que asomaron con la fallida expropiación de Vicentin. La creciente gravitación de Cristina en las decisiones las reinstaló. Y también el seguidismo de un presidente débil que se radicaliza para no quedar colgado del pincel.
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Fuente: Sagristani | Economía: la radicalización política afecta a las expectativas. Por Radio Mitre.